jueves, 28 de octubre de 2010

La atresia. Mi atresia


Del millón de folículos (moradas de los óvulos) que tenemos en los ovarios al nacer sólo 400 de ellos llegarán a expulsar un óvulo y cumplir así la función para la que existen. Los demás morirán por atresia (una forma de apoptosis, de muerte programada) que según me tradujo etimológicamente Cristóbal, significa sin perforación, sin agujero y que yo prefiero traducirla por sin salida. Después de su muerte por atresia a estos folículos se los comerán los macrófagos y sus restos formarán cicatrices fibrosas de color blanquecino.

Esos 400 folículos que en anatomía se llaman “Los folículos elegidos” engordan, crecen y llegan a romper y transformar el paisaje, a convertirlo en algo diferente.

Yo (parte de los 960.000 folículos que quedan) conozco los motivos de mi atresia, de mi falta de salida, y me revelo contra la violencia que me va convirtiendo en una cicatriz. Pero también voy preparando mi cuerpo y mi espíritu para vivir como una reliquia, como una marca. Porque soy feliz y cobarde, y prefiero vivir como una cicatriz a que me hagan desaparecer del todo los macrófagos.